Qué son los gases de efecto invernadero

El dióxido de carbono no es el único de estos elementos involucrados en el cambio climático.

Conocidos por su influencia en el calentamiento global, los gases de efecto invernadero (GEI) no son en realidad un problema. Resultan imprescindibles para mantener la temperatura del planeta, pero la actividad humana ha aumentado su número y ha alterado su equilibrio natural. El dióxido de carbono (CO2) es el más conocido, pero no es el único: el vapor de agua, el metano, el ozono y otros gases con nombres más difíciles de pronunciar, como el trifluorometano, son también compañeros de grupo. Los científicos reconocen que hacen falta más investigaciones para entender por completo el funcionamiento de estos gases y su efecto real en el cambio climático.

Por ALEX FERNÁNDEZ MUERZA    19 de agosto de 2009

Porqué se forman

Una de las mejores maneras de afrontar un problema es hacerse una imagen del mismo. Con esta idea, la Secretaría de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC en sus siglas en inglés) y Google han creado un mapamundi con las emisiones generadas en los principales países industrializados. Los datos, recogidos desde 1990, se pueden observar por sectores y compararlos tanto por países como por categorías.

La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA en sus siglas en inglés) ha creado una web que ofrece datos sobre los principales GEI emitidos en la Unión Europea (UE) entre 1990 y 2006. El sistema permite hacer comparaciones entre países y por tipo de gas y CO2 equivalente.

En 2007, la Agencia Espacial Europea (ESA) informó de la producción de los primeros mapas animados con la distribución mundial de los GEI más importantes sobre la superficie terrestre (CO2 y metano). Para ello, sus responsables invirtieron tres años de trabajo, entre 2003 y 2005, mientras observaban los datos del Espectrómetro de Absorción de Exploración e Imágenes para Cartografía Atmosférica (SCIAMACHY), a bordo del satélite Envisat de la ESA.

Principales gases de efecto invernadero

Cuando se habla de gases de efecto invernadero (GEI) se suele destacar al dióxido de carbono (CO2), por lo que podría pensarse que es el único. Pero hay muchos más. Algunos de ellos con un potencial mayor. Estos son los principales GEI, ordenados de mayor a menor impacto:

Vapor de agua (H2O): según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC en sus siglas en inglés), supone entre el 36 y el 70 por ciento del efecto invernadero. La niebla, la bruma y las nubes son vapor de agua, y es también el principal subproducto de la combustión de los combustibles fósiles. Y por si fuera poco, el calentamiento global provoca un bucle que se retroalimenta: con unas temperaturas más altas, se produce más vapor de agua, que genera a su vez temperaturas más altas, y a su vez más vapor de agua, etc.

Dióxido de carbono (CO2): es un subproducto de la respiración celular y de la utilización de combustibles fósiles.

Metano (CH4): es el principal componente del gas natural y de las flatulencias de las vacas, así como de otras fuentes naturales (como los pantanos o las termitas) y artificiales, como los vertederos. Los científicos reconocen que no entienden del todo el ciclo del metano, por lo que su contribución al problema podría ser incluso mayor.

Óxidos de nitrógeno (NOx): estos gases se crean de forma natural a partir de la descomposición bacteriana de nitratos orgánicos, por la combustión vegetal o por la actividad volcánica. El ser humano ha provocado un aumento de estos gases, al producirlos para diversos productos industriales y como subproducto de los vehículos motorizados.

Ozono (O3): el debilitamiento de la capa de ozono hizo famoso a este gas. Por ello, resulta chocante afirmar que su aumento es negativo. En realidad, el ozono no está distribuido de forma equitativa por el planeta. El ser humano ha acentuado las diferencias. Por una parte, en la zona inferior de la atmósfera hay demasiado ozono, que actúa como un potente GEI. Por otra, en la parte superior escasea, lo que se traduce en una menor capacidad para impedir la radiación solar adversa.

Trifluorometano (CHF3): también conocido como fluoroformo, se utiliza en la fabricación de los chips de silicio y como un supresor de fuego. Es el gas más abundante de los hidrofluorocarbonos (HFC). Permanece en la atmósfera durante 260 años y atrapa el calor 11.700 veces más que el CO2.

Hexafluoroetano (C2F6): utilizado en la creación de semiconductores, permanece en la atmósfera hasta 10.000 años. Esta longevidad, junto con su capacidad de retener el calor 9.200 veces más que el CO2, ha provocado el interés del IPCC por seguirle de cerca.

Hexafluoruro de azufre (SF6): gas inerte muy empleado en la industria de la electrónica como aislante. El IPCC lo considera el GEI más poderoso del mundo, con una capacidad de atrapar el calor 22.200 veces más que el CO2.

Triclorofluorometano (CFC-11): este refrigerante provoca varios efectos negativos en el medio ambiente. Además de retener el calor 4.600 veces más que el CO2, reduce la capa de ozono de forma más rápida que cualquier otro refrigerante, sin olvidar el impacto ambiental del cloro.

La lista podría ampliarse a medida que los científicos estudian más el fenómeno. Es el caso del fluoruro de sulfurilo (SO2F2). Utilizado como fumigante contra termitas, su capacidad como GEI ha sido dada a conocer en marzo por científicos del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Tiene una vida útil de 40 años y es capaz de atrapar el calor 4.800 veces más que el CO2. Aunque en la atmósfera sólo se encuentra en 1,5 partes por billón, esta cantidad aumenta en un 5% al año según un reciente artículo publicado en Journal of Geophysical Research.

Los científicos señalan la necesidad de desarrollar más investigaciones porque desconocen el impacto exacto de los GEI y su posible evolución en los próximos años. El Protocolo de Kyoto no tuvo en cuenta al trifluoruro de nitrógeno (NF3). Sus emisiones eran tan bajas que los expertos asumieron que no tenía un impacto significativo en el calentamiento global. Sin embargo, científicos del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego revelaban el año pasado que su presencia en la atmósfera es cuatro veces mayor de lo que se suponía. Este GEI tiene una capacidad de atrapar el calor 17.000 veces superior a la del CO2 y dura cinco veces más en la atmósfera que éste.

El impacto del metano también podría ser mayor del que se cree en la actualidad. Si el cambio climático logra derretir las zonas de permafrost, el metano que guarda en su interior se liberaría.

Barcelona, entre las ciudades con emisiones de GEI más altas del mundo

Un reciente estudio del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo, con sede en Londres, ha destacado las ciudades con mayor emisión de CO2 equivalente del mundo. La lista está encabezada por Washington DC, con 19,7 toneladas de CO2 equivalentes por persona. Esta cantidad supone una huella de carbono casi tres veces superior a la de cualquier otra gran ciudad en los países desarrollados. Las siguientes ciudades acompañan a la capital estadounidense en el “top diez”: Glasgow, Reino Unido (8,4 t); Toronto, Canadá (8,2 t); Shangai, China (8,1 t); Nueva York, EE.UU. (7,1 t); Beijing, China (6,9 t); Londres, Reino Unido (6,2 t); Tokio, Japón (4,8 t); Seúl, Corea del Sur (3,8 t). En el décimo puesto de esta clasificación se sitúa Barcelona, con 3,4 toneladas de CO2 equivalente por persona.

No obstante, el estudio relativiza el impacto de las grandes urbes. Si bien reconoce que sus habitantes consumen grandes cantidades de energía, recuerda otras emisiones importantes, como el metano, originado en las zonas rurales.

Jaume Satorra

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