Estafa amarga las vacaciones navideñas de turistas españoles en Nueva York

Nueva York, 29 dic. 2009 – A un número creciente de turistas españoles se les está amargando las vacaciones navideñas en Nueva York (EE.UU.), al darse cuenta de que han sido estafados cuando alquilaron por Internet un apartamento en la Gran Manzana.

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“Esto pasa constantemente durante el verano, y la misma situación estamos viendo también en las Navidades”, explicó a EFE la responsable del servicio de protección al viajero del Consulado español en Nueva York, María Díaz.

Los desafortunados viajeros se encuentran a su llegada con que el lugar donde pensaban pasar sus días de descanso no existe o que el verdadero propietario del piso en cuestión no es la persona que se lo alquiló.

La funcionaria consular -que el lunes, al volver a la oficina después del festivo de Navidad se encontró con más de una decena de españoles afectados por este tipo de estafa- calcula que en épocas de vacaciones atienden una media de un grupo de turistas diario que, al llegar a la ciudad de los rascacielos, se encuentra con que no tienen a dónde ir.

El aumento en el número de casos registrado este año ha alarmado a los responsables del Consulado de España, al que regularmente acuden algunas de las víctimas en busca de ayuda, pese a que la legación diplomática poco puede hacer en estas situaciones.

“Esta situación nos ha alarmado porque entendemos que no todos los afectados acuden al Consulado, sino que la mayoría trata de encontrar una solución por su cuenta, así que si nosotros estamos viendo tantos casos, es que en realidad hay bastantes más”, explicó Díaz.

Un reciente afectado ha sido Javier Guixe, así como los seis familiares con los que viajó a Nueva York desde Barcelona (noreste español) el pasado 26 de diciembre para pasar una semana de vacaciones disfrutando del ambiente de fiesta que se respira en la Gran Manzana.

Con meses de anticipación había alquilado a través del portal secondcasa.com un apartamento cercano a Central Park por 1.800 dólares a su propietario, que se identificó como Jesse Stowell, según explicó a EFE el propio Guixe.

Sin sospechar nada, ya que en anteriores ocasiones habían alquilado por Internet apartamentos en el extranjero sin incidentes, enviaron el precio del alquiler y una fianza a una supuesta intermediaria en Houston (Texas, EEUU) y le confirmaron que Stowell les esperaría a su llegada al aeropuerto de Nueva York.

El hombre nunca se presentó al aeropuerto y cuando llegaron a la dirección que aparecía en la reserva, el conserje del edificio les confirmó que el piso no estaba en alquiler y que no había ningún propietario con ese nombre.

“Fue un palo, primero en el aeropuerto, y luego en ese lugar. Se nos quedó cara de tontos”, se lamentaba Guixe, que se vio obligado a buscar un hotel para pasar sus vacaciones.

Díaz asegura que situaciones como ésta son cada vez más frecuentes y es poco lo que se puede hacer por los afectados, ya que las autoridades policiales neoyorquinas no suelen aceptar las denuncias, ya que no hay indicios de que el estafador viva en EEUU y la transacción se efectuó técnicamente fuera del país.

El único recurso, según Díaz, es presentar una denuncia ante la policía española al regreso de las vacaciones con todos los datos de las transacciones y los contactos con los estafadores.

Las estafas no se concentran en ningún portal concreto y son sólo una pequeña fracción de los alquileres legítimos de apartamentos que se realizan a diario en Nueva York, según recuerda Díaz.

En el caso de Cristina Manchón, ella y sus cinco amigas de Lorca (Murcia, este) encontraron un apartamento precioso por 1.700 dólares, también cerca de Central Park, en el portal Craiglist, muy popular en EEUU y Canadá.

Sin embargo, hubo algo en los documentos que le envió el supuesto propietario que no le cuadró a esta empleada de banca y después de pagar 600 dólares se negó a entregar más dinero, relató a EFE Manchón.

Por si acaso, reservó habitaciones en un hotel y finalmente tuvo que acudir a ellas, ya que una vez que llegaron a Nueva York se dieron cuenta de que el piso que habían alquilado ni siquiera existía.

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