El desinterés de EEUU pone de relieve las debilidades de Europa

  1. * El ‘no’ de Obama a acudir a la cumbre de Madrid responde a la falta de liderazgo y agenda
  2. * Clinton reclama la modernización del vínculo, pero no con la UE, sino en el marco de la OTAN

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Domingo, 07.02.2010

Zapatero y el matrimonio Obama escuchan a Clinton en el desayuno de oración del jueves en Washington.

Con George Bush las relaciones transatlánticas iban mal. Con Barack Obama no van mejor. La negativa del presidente estadounidense a desplazarse a Madrid los próximos 24 y 25 de mayo para asistir a la cumbre entre la Unión Europea (UE) y EEUU, más allá de la sensación de desaire sentida en las capitales europeas y en la española muy en particular, ha puesto al desnudo las dificultades de relación entre una y otra orilla del Atlántico.

El conflicto ideológico y de legalidad internacional planteado por la guerra de Irak, que separó radicalmente a Europa y EEUU, encubrió el verdadero problema de relación. Ahora, con una nueva Administración de sensibilidad mucho más cercana a la europea, no hay excusas que valgan. Las dificultades de entendimiento han aparecido en toda su dimensión.
La vieja ocurrencia de que para hablar con Europa Washington no sabe a qué teléfono llamar sigue valiendo pese a la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, que debería haber puesto punto final a esta falta de telefóno único. En la cumbre UE-EEUU de Praga, la pasada primavera, Obama se encontró con 27 jefes de Estado y de Gobierno, encabezados por el entonces primer ministro checo, Mirek Topolanek, que acababa de perder un voto de confianza en el Parlamento. En otoño, la cumbre se realizaba en Washington. Los encabezaba entonces Frederik Reinfeldt, el primer ministro de un país de peso muy relativo como Suecia, y el presidente Obama optó por delegar en su vicepresidente Joe Biden la participación en varios encuentros.

PRAGMATISMO / El pragmatismo es una religión en EEUU, y Obama, uno de sus adeptos más fieles. Después de un primer año repleto de viajes y con grandes problemas internos, el presidente ha visto que a estos encuentros europeos les faltan dos elementos básicos para que una reunión de este tipo, y por extensión la relación entre ambos socios, obtenga resultados. Falta liderazgo y una agenda.
En Madrid Obama se hubiera encontrado con un presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, cuyo Gobierno todavía no ha recibido el plácet del Parlamento Europeo; un presidente permanente de la UE, Herman Van Rompuy, cuya figura todavía no ha encontrado su lugar en la escena, ni en la europea ni en la internacional; y un presidente por seis meses, José Luis Rodríguez Zapatero.
La alta representante para los Asuntos Exteriores de la UE, Catherine Ashton, todavía no ha puesto en pie el servicio diplomático europeo, y eso afecta a la elaboración de una agenda que va más allá de esta cumbre en un momento en que el contexto global está cambiando profundamente y a gran velocidad. El G8 ha tenido que dar paso al G20 con la entrada de países emergentes y el Pacífico se está convirtiendo en el gran polo geoestratégico del futuro con el papel preponderante que China está ya adquiriendo.

ADAPTACIÓN A LOS CAMBIOS / Nick Witney y Jeremy Saphiro, autores de un documento del prestigioso Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, en sus siglas en inglés), aseguran que la verdadera amenaza a las relaciones transatlánticas no nace del replanteamiento de la estrategia global estadounidense, sino «del fracaso de los gobiernos europeos en aceptar cómo el mundo está cambiando y cómo la relación debe adaptarse a estos cambios».
Pese a los desencuentros, EEUU sigue considerando a Europa un socio indispensable. Lo recalcó hace una semana en París la secretaria de Estado, Hillary Clinton. «Europa es un modelo de poder transformador de la reconciliación, la cooperación y la comunidad», dijo en un discurso pronunciado en la Escuela Militar.
Para Clinton, durante más de 60 años la relación transatlántica ha sido una piedra angular de la seguridad global y una fuerza poderosa de progreso. A partir de esta constatación, reclamaba que juntos, EEUU y Europa, reforzaran y modernizaran su relación. Pero en lo que estaba pensando la secretaria de Estado era en la OTAN, no en la UE.

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