Un pueblo polarizado: ¿Oro en vez de alimentos?

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En 1947 Nestlé abrió en Cajamarca, Perú, una planta de procesamiento de leche. En la década de los 70, la Cooperación Técnica Suiza impulsó la ganadería y producción de ‘queso andino tipo suizo’ y otros derivados lácteos.

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03 de febrero de 2010 – 10:12

Uno de los tajos de colosales dimensiones en la cuenca de un río en Cajamarca.

Desde los años 90, la incesante expansión de la minería en la región deja sin tierras a centenares de campesinos y cambia sus vidas. La población defiende o ataca a la empresa minera. Conflictos sociales han estallado o siguen latentes.

Jonas Lambrigger, estudiante de la Universidad de Berna, ha documentado ‘in situ’ las consecuencias sociales, económicas y ecológicas que causa desde 1993 la productora de oro más grande de América Latina, la empresa minera Yanacocha.

“Filial de la transnacional estadounidense Newmont Mining Corporation, Yanacocha se presenta como ejemplo del actual ‘boom minero’ peruano. Esta minería ‘moderna’ no contaminaría y contribuiría al desarrollo sostenible. Lo cierto es que genera tanto impacto ambiental como la vieja minería”, afirma Lambrigger.

El impacto es aún mayor si se considera las dimensiones de las operaciones: cada día se remueven 600.000 toneladas de tierra y rocas, y en parte, en zonas que antes eran agrícolas, agrega.

Los límites de los tajos de explotación apenas se alcanzan a ver. En los alrededores, los terrenos llevan la inscripción “Propiedad privada, prohibido el ingreso”. Y en las carreteras de acceso a la mina y a Cajamarca, son incesantes las caravanas de vehículos que advierten “peligro, material tóxico”.

Los precios se dispararon

“El crecimiento minero produjo una febril compra y venta de tierras. En pocos años, el precio de una hectárea subió de 60 a 2.400 dólares y más”, señala Lambrigger, quien en su tesis de licenciatura en Geografía plasmó su experiencia de 6 meses en la provincia norteña.

Su investigación se concentró en la transformación de estrategias de vida de familias campesinas que fueron presionadas para vender sus tierras o que las vendieron voluntariamente a las empresas mineras.

Con la emigración del campo a la ciudad, el nivel de vida y bienestar de casi todas las familias empeoró. Antes se dedicaban a la pequeña agricultura, la elaboración casera de quesos y la artesanía. Estaban dentro de redes familiares y comunales y, pese a su economía de subsistencia, sus saldos eran positivos.

Más segregación social, delincuencia

Tras la emigración, las familias que vendieron sus terrenos a precios muy bajos pasaron a trabajar como jornaleros en la construcción o vendedores ambulantes. Dependientes de un trabajo asalariado y por con gastos que antes no tenían, casi todas tenían déficit.

El desengaño de la vida en la ciudad, los bajos precios que recibieron en ventas, los problemas económicos y el fuerte deseo de regresar al campo los impulsó a formar un movimiento de campesinos sin tierras.

Las familias que emigraron años después, más conscientes de sus derechos, vendieron sus tierras a mejores precios y compraron parcelas lejos de las zonas de exploración minera. Otras abrieron microempresas de construcción o transporte, alquilaron inmuebles o fueron a trabajar en Yanacocha con altos ingresos.

Lambrigger constató además que en los últimos 15 años, la ciudad de Cajamarca creció espacial y demográficamente, también el tránsito motorizado, el ruido, la contaminación ambiental, las enfermedades respiratorias y el cáncer. Aumentó la prostitución y la delincuencia común.

En este tiempo aparecieron por un lado escuelas y universidades privadas, zonas residenciales con centros comerciales, de autos de lujo y por otro, barrios pobres con poca o ninguna infraestructura.

Campo y ciudad con la contaminación

En pocos años, Yanacocha dividió a los cajamarquinos en ganadores y perdedores. Sin embargo, el campo y la ciudad, tradicionalmente separados, se unieron por una causa común: la defensa del agua.

Uno de los sucesos que colmó el vaso fue el derrame de mercurio en 2000, en Choropampa. 1200 personas se intoxicaron y hasta hoy sufren las secuelas. El mercurio era transportado en cilindros viejos. Cuando ocurrió el accidente, en Perú no existía legislación sobre transportes tóxicos.

En 2004, 50.000 campesinos y citadinos se movilizaron para impedir el inicio de las operaciones mineras en Quilish. Unos para defender este cerro o Apu (sagrado en la cosmovisión andina) y sus tierras agrícolas, otros para evitar la contaminación del agua potable urbana.

A raíz de los sucesivos accidentes ambientales, la población tomó conciencia del peligro de la actividad minera. Las rondas campesinas movilizaron a la población rural y organizaron marchas contra Yanacocha.

Hoy, indica Lambrigger, el movimiento social en Cajamarca tiene un componente sociopolítico. “Nuevos actores como Ecovida o el ‘Frente Único en Defensa de la Vida, del Medio Ambiente y de los Intereses de Cajamarca’, tienen visiones alternativas sobre la relación estado, sociedad y empresas mineras, y la explotación de los recursos naturales”.

Un movimiento líder es el Grupo de Formación e Intervención para el Desarrollo Sostenible (GRUFIDES), fundado por el sacerdote Marco Arana, quien además ha creado el movimiento ‘Tierra y Libertad’ con miras a participar en las elecciones presidenciales de 2011.

Dos mundos en conflicto

Según Lambrigger, el encuentro del sistema neoliberal, verticalista e individualista de Occidente con el sistema horizontal comunitario andino, vinculado a la reciprocidad y con otra valoración de los recursos naturales, son incompatibles y siempre estarán en conflicto.

En su opinión, el gobierno peruano, en vez de respetar las diferencias socioculturales, quiere homogeneizar a la sociedad. “Perú no tiene estructuras democráticas e institucionales sólidas que permitan la participación de los más vulnerables y la supervivencia de otras actividades económicas tras la explotación de los recursos mineros”.

Lambrigger considera fundamental la presencia de movimientos sociales para evitar enfrentamientos de gran alcance. Según la Defensoría del Pueblo de Perú, la minería es la causa del 70% de los conflictos sociales. Sólo en Cajamarca, en diciembre pasado existían 14 conflictos socio-ambientales activos y tres latentes

Y es que de los beneficios del ‘boom’ minero está excluida la mayoría de los peruanos. Los que, como lo sentenció Antonio Raimondi (1824-1890), investigador italiano de la flora, fauna y geología peruana, siguen siendo “mendigos sentados en un banco de oro”.

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MINERIA EN PERÚ

.Efectos de la explotación de oro en la vida de los campesinos y en el ambiente de Cajamarca.

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Enlaces.

* COSUDE en Perú

* Centro para el Desarrollo y el Ambiente (CDE) en Perú

* Asociación Grufides, Cajamarca

* Minera Yanacocha

* Defensoría del Pueblo, Perú

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