El debate sobre la obsolescencia programada: ¿estafa o exigencia del consumidor?

  • Un documental de TV desata el debate sobre un concepto creado hace un siglo.
  • El debate está servido entre dos puntos: ¿se alían las empresas para hacer productos que duren poco y mantener el ciclo del consumo o son los consumidores quienes demandan productos baratos y a la postre peores?

Avatar del periodista David Yague 20mDavid Yague 20m 13.01.2011 – 17.05

Decir que no se hacen las cosas como antes es un lugar común. Los electrodomésticos, las ropas no duran tanto como a los abuelos ¿Por qué? A este interrogante intentaba dar respuesta el documental Comprar, tirar comprar (emitido esta semana por La 2 y anteriormente por TV3), que ha tenido una fuerte repercusión y desatado un amplio debate en Internet en torno a un concepto: la obsolescencia programda o controlada.

No es un término nuevo -de hecho, fue desarrollado en la década de los años 20 del siglo pasado- y se llevaba hablando de él desde hacía tiempo. Se entiende que es la programación del final de la vida útil del producto por parte del fabricante para que el consumidor tenga que volver a comprar otro y perpetuar así el ciclo consumista. Acuerdos secretos entre competidores para empeorar el producto, chips que inhabilitan el aparato tras un determinado número de usos,… ¿Existen estas prácticas?

¿Confabulación industrial…

“Es una confabulación de la industria, de muchos sectores para perpetuar el sistema y el consumidor es la víctima: crean consumidores más que productos”, asegura el portavoz de FacuaRubén Sánchez. “No se intenta dar la mejor calidad al producto, sino que hay un acuerdo tácito entre muchos sectores para, digámoslo así, estafar al consumidor”.

“Fabrican productos como alimentos, para que caduquen”, explica. ¿Por qué no denunciar, entonces? “Es difícil, si hubiera pruebas se podría hacer, pero es mucho más complejo. No es sólo que se fabriquen los productos para durar poco: crean modas, convierten deseos en necesidades y al final, “renovamos nuestros productos sin necesidad de que se rompan”. “Intentar luchar contra eso es luchar contra todo el sistema”.

Sánchez asegura que los productos que van al mercado salen estando ya “obsoletos” -los diseñaron hace años, los probaron y saben cuánto durarán- y cuando la siguiente versión ya está casi lista. Un ejemplo: el Ipad salió sin conexión USB, algo perfectamente posible y “un disparate” para cualquier consumidor. “La nueva versión lo tendrá y el consumidor que ya compró el Ipad original sabrá que el suyo no será el bueno y comprará el otro”.

Un fallo de cobertura del Iphone 4, las tres luces rojas de la XboX360, los fallos eléctricos del Peugeot 307 son casos que recuerda el portavoz de Facua. “No siempre son errores programados, pero sí fallos de fabricación masivos de los que las empresas no se hicieron responsables”. No se retiraron los productos del mercado -“las empresas ni se lo plantean, ya se comprarán el siguiente“- y las autoridades no hicieron nada: “Tengo la sensación de que a la Administración le vienen grandes estos temas”.

…O petición del consumidor?

Así pues, la obsolescencia programada se da y es una maquinación empresarial con aprobación gubernamental. ¿O no? “Puede haber empresas con mala fe, pero hay que ser ser conscientes de que el consumidor demanda ese producto: el más barato y, lógicamente, el que menos dura”, asegura Antonio Aznar, profesor titular de Ingeniería Química en la Universidad Carlos III, especializado en Medio ambiente y Sostenibilidad. A menor coste, la calidad se resiente.

No están diseñados así por planificación, sino que se trata deun “mal diseño por un problema de costes“. A eso hay que añadir que “se diseñan productos con fecha de caducidad porque es razonable: no tiene sentido diseñar algo que dure siglos, si sabemos que en pocos años se va a cambiar sin necesidad de que se haya estropeado.”

En cualquier caso, muchas veces la menor duración de los aparatos tiene matizaciones. El gran ejemplo del documental antes citado eran las bombillas. Antes duraban más, pero “la luz que daban iba disminuyendo; ahora tienen electrónica y los consumos energéticos han bajado”, explica este profesor.

“Los precios mandan sobre la competencia”, explica otro docente, el profesor de Economía José García Montalvo de la Universidad Pompeu Fabra. “Los precios son cada vez más bajos y los componentes, peores”. “No creo que conscientemente nadie diseñe un producto para que dure poco”, pero el consumidor “quiere muchas veces el más barato, a sabiendas de que otro más caro será probablemente mejor”. La lógica de otro dicho popular: “Lo barato sale caro”.

“Hablar de obsolescencia programada supone que alguien controla la innovación tecnológica, lo cual es bastante dudoso en esta sociedad global donde muchas empresas e instituciones compiten libremente por obtener la mejor tecnología y la más útil”, asegura el profesor de Estructura Económica del Universidad San Pablo-CEUJavier Morillas, que cree que sería poco inteligente por parte de una empresa jugar así, porque un consumidor decepcionado se pasaría a la competencia.

“Por desgracia para las empresas, el consumidor no es un borrego al que las compañías puedan dirigir”, analiza García Montalvo: “Hay productos y servicios que tienen éxito, sin saber por qué, ante productos similares. Las empresas pueden hacer algo, pero el consumidor es el que decide”.

Daño medioambiental

Sea la obsolescencia programada, el sobreconsumo u otras razones, una de las mayores preocupaciones sobre este tema es medio ambiente.  Es difícil hacer una valoración global, pero sí varias parciales, y en el aspecto ecológico no es ni mucho menos positiva.

“La evolución creciente de residuos per cápita en España está muy relacionada con la obsolescencia programada”, afirma el coordinador de Ecologistas en AcciónLuis González. “Hablamos de un sistema que necesita crecer para recuperarse, lo que es un problema porque esto es imposible en un planeta finito“. Por eso las respuestas más habituales contra este sistema suelen ser la defensa del decrecimiento, el comercio justo, etc.

El ‘usar y tirar’ crea muchos residuos que acaban, bastantes de ellos, siendo enviados a países del Tercer Mundo y acaban reciclándose o almacenándose sin control ni seguridad. “La tecnología para hacer el reciclaje correctamente existe, no es inaccesible, pero un centroafricano cogiendo las placas de móvil para recuperar las soldaduras de oro con la mano sale más barato que una cadena de reciclaje en España”, asegura el ingeniero químico Antonio Aznar.

Ver Vídeo, aunque sea un poco largo vale la pena verlo puesto que es la mismísima realidad Actual.

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20minutos.es

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