Declaración de la Renta: hay que hacerla si se tienen dos pagadores

Esta obligatoriedad se extiende a quienes han cobrado prestaciones por desempleo o pensiones, además de haber trabajado.

Una de las quejas más frecuentes entre los ciudadanos durante la campaña de la Declaración de la Renta proviene de la obligación de pagar a Hacienda por el simple hecho de haber trabajado en más de una empresa, aunque los ingresos hayan sido bajos. La mayoría de los contribuyentes que han estado empleados en varias compañías y no cuentan con desgravaciones o deducciones, por lo general, tienen que abonar dinero cuando presentan la Declaración. Además, los límites económicos que fijan la obligación de declarar son menores que para quienes solo han estado dados de alta por un empleo. Y esta obligatoriedad no solo marca a los trabajadores que han prestado sus servicios en más de una entidad, también se extiende a quienes han cobrado prestaciones por desempleo o pensiones, además de haber trabajado a lo largo de 2010. La Ley del IRPF tiene todas las claves para explicar por qué ocurre esto que a una parte de la ciudadanía le parece tan injusto.

16 de mayo de 2011

Rendimientos íntegros del trabajo

El IRPF es un impuesto de carácter directo y personal, que grava la renta de las personas físicas de acuerdo con los principios de igualdad, generalidad y progresividad, de acuerdo a las circunstancias personales y familiares del ciudadano. La renta del contribuyente está constituida, según marca la legislación, por la totalidad de sus rendimientos, ganancias y pérdidas patrimoniales, así como las imputaciones de renta establecidas por ley, con independencia del lugar donde se hubiesen generado y cualquiera que sea la residencia del pagador.

Entre estas rentas figuran los rendimientos íntegros del trabajo, como sueldos y salarios, las prestaciones por desempleo o las pensiones. También, entre otros, los rendimientos derivados de la elaboración de obras literarias, científicas o artísticas o los obtenidos por impartir cursos, conferencias, coloquios. Cabe destacar estos últimos porque, sin que el contribuyente repare en ellos, pueden actuar como segundo pagador y, en función de su cuantía, obligarle a declarar. La participación remunerada en un seminario o el hecho de ejercer como profesor de manera eventual en un curso de verano son, en muchos casos, rendimientos del trabajo que elevan las rentas percibidas a lo largo del año e inciden en la obligatoriedad de declarar.

Retención del IRPF en la nómina

Todos los años, la Agencia Tributaria publica las tablas del IRPF que sirven para calcular el porcentaje de retención que va a aplicarse a las rentas de los ciudadanos en función de la cuantía de sus ingresos. Respecto a rendimientos del trabajo, el IRPF grava el dinero que obtiene el ciudadano a lo largo del año, con independencia de si sus rentas provienen de uno o más empleos.

Con este baremo, las empresas, según las circunstancias personales y familiares de cada empleado y del salario bruto que cobre, aplican una determinada retención a la nómina. Según explican en Hacienda, son cantidades que se detraen al contribuyente por el pagador de determinadas rentas, por estar así establecido en la ley, para ingresarlas en la Administración Tributaria como anticipo de la cuota del impuesto que el contribuyente ha de pagar.

En principio, las empresas calculan las retenciones en función de las expectativas de ingreso que el trabajador vaya a tener ese año, para el ejercicio completo y según las rentas anuales. Por lo general, no tienen en cuenta que el contrato pueda finalizar antes ni que el empleado esté dado de alta en otra compañía. Si las circunstancias personales o familiares del trabajador cambian, también lo hacen las retenciones aplicadas por la empresa y el tributo al que están sujetos se modifica. El porcentaje detraído, por tanto, puede variar mes a mes si cambia el salario que percibe el ciudadano.

En teoría, las personas que solo han estado dadas de alta en una empresa tienen las retenciones realizadas de forma correcta y, si no tienen deducciones o desgravaciones, su renta debería ser negativa o próxima a cero. No obstante, siempre es recomendable comprobarlo con el borrador del IRPF o con los datos fiscales, ya que cabe la posibilidad de que las retenciones practicadas durante el año, aunque sean correctas y estén bastante ajustadas, arrojen una cantidad para ingresar o a devolver por parte de la Agencia Tributaria.

Por qué con dos trabajos sale a pagar

Según el baremo fijado por la Agencia Tributaria para 2010, un ciudadano soltero y sin hijos con un sueldo bruto anual de 15.000 euros, tendría una retención del 9,59% y pagaría 1.438 euros anuales en concepto de IRPF. Si su sueldo fuera de 20.000 euros, se le aplicaría un 13% y le retendrían 2.600 euros; con rentas de 30.000 euros, el porcentaje subiría al 17%, lo cual se traduce en un impuesto de 5.100 euros, mientras que si cobrara 40.000 abonaría 8.000 euros, pues sus ingresos estarían gravados con el 20%; en el caso de que hubiera obtenido 50.000 euros, deberían haberle retenido 11.500, un 23%.

El motivo por el cual el ciudadano que ha trabajado en dos empresas ha de declarar -y casi siempre pagar- es el siguiente: la cuantía de las retenciones que se le han aplicado en cada uno de los trabajos es inferior a la que le correspondería si se suman sus rentas, que es el aspecto que en realidad grava el IRPF, la totalidad.

Una persona con dos trabajos que haya cobrado 15.000 euros en cada uno de ellos habrá tenido una retención en cada empresa de 1.438 euros anuales (el 9,59%). Por ello, con unas rentas de 30.000 euros, habrá pagado en concepto de IRPF 2.876 euros al año. Sin embargo, a un trabajador con el mismo salario bruto procedente de una sola empresa le habrán detraído 5.100 euros, es decir, 2.224 euros más.

Si trabajara en tres empresas, con un sueldo bruto de 20.000 euros en cada una, la diferencia con quien solo tiene un pagador se ampliaría. Ambos percibirían 60.000 euros, pero el pluriempleado pagaría un IRPF de 7.800 en total -al sumar la retención del 13% en cada trabajo, que sería de 2.600 euros en cada uno- mientras que la retención del otro contribuyente sería el doble, 15.600 euros (el 26%). Por este motivo, cuando el ciudadano que tiene dos empleos presenta la Declaración, lo habitual es que tenga que abonar dinero a Hacienda.

La explicación es que el IRPF grava las rentas totales y sería injusto, según la normativa, que dos personas que hayan cobrado el mismo salario y tengan las mismas circunstancias personales y familiares paguen a Hacienda más o menos dinero en función tan solo del número de pagadores.

Se reduce el límite exento

Contar con dos pagadores no solo determina el hecho de tener muchas más probabilidades de pagar a Hacienda, sino que también reduce el límite que marca la obligación de declarar o no hacerlo. Si este máximo se sitúa en 22.000 euros para quienes solo han trabajado en una empresa a lo largo de 2010, se reduce a 11.200 en el caso de quienes lo hayan hecho en dos sitios diferentes.

Algunas rentas del trabajo apenas tienen retenciones. Un ciudadano que cobre 10.000 euros brutos anuales no tendría obligación de hacer la Declaración. Pero si compatibiliza dos empleos y en uno de ellos obtiene 5.000 euros, sus ingresos pasan a ser de 15.000 euros y, por tanto, además de declarar, lo más probable es que tenga que abonar a Hacienda lo que no se le ha retenido.

La norma es la misma, se deduce que quienes tienen dos pagadores pueden haber cotizado a un porcentaje diferente que no correspondería a la totalidad de los ingresos percibidos y, por tanto, tendrán que devolver el dinero que han obtenido de más mediante la presentación de la Declaración de la Renta.

No obstante, no todos los contribuyentes que tengan rentas del trabajo procedentes de varias fuentes tienen que declarar. Cuando del segundo y sucesivos pagadores hayan cobrado menos de 1.500 euros, no tienen esta obligación y, por tanto, en el caso de que les correspondiera pagar, tendrían la opción de no presentar la Declaración.

Desempleo y pensiones compensatorias

Muchas personas desempleadas también se verán afectadas por la obligación de pagar a Hacienda por los ingresos que tuvieron en 2010 si durante ese año también trabajaron. Como la prestación por desempleo se considera un rendimiento íntegro del trabajo, al sumar las cantidades percibidas del paro y del empleo, lo más probable es que al declarar les corresponda que sus rentas se graven con un porcentaje más elevado.

También tienen que hacer la Declaración quienes reciben pensiones compensatorias del cónyuge o anualidades por alimentos si superan el límite establecido. Siempre que estas rentas no estén exentas se considera, a efectos del IRPF, que el contribuyente recibe dinero de un segundo pagador. Esta cuantía se suma al salario o a las prestaciones percibidas y puede hacer que la Declaración sea positiva. En todo caso, si las anualidades por alimentos se perciben de los padres en virtud de una decisión judicial, están exentas.

El contribuyente cuenta con dos opciones. Puede abonar a Hacienda el dinero que no se le ha retenido en la nómina en el momento de hacer la Declaración o bien hacerlo mes a mes. En este caso es necesario pedir en una de las empresas que le aumenten las retenciones y, con esto, no habrá que pagar al año siguiente. El ciudadano solo tiene que decidir si prefiere disfrutar del dinero durante el ejercicio y luego devolverlo o bien elige que se lo detraigan de la nómina en cada mensualidad.

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Fuente: consumer.es

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Una respuesta

  1. Renta 2010: El problema de la discriminación, en razón del número de pagadores, puede estar en vías de solución, según se lee en:
    http://acadacuallosuyo.blogspot.com/
    donde dice, entre otras cosas, que “si un contribuyente español percibió en 2010 rentas por el trabajo personal de un importe comprendido entre 11.200 y 22.000 euros, NO tendrá que hacer Declaración de la Renta si tuvo un solo pagador, pero SI debe declarar (y probablemente pagar) si hubiera recibido esos ingresos de más de un pagador, lo cual, aparte de absurdo es inconstitucional, porque vulnera el principio de igualdad ante la ley que proclama el artículo 14 de la Constitución de 1978.
    Basta con poner las palabras <> en cualquier buscador de internet, para ver numerosas quejas y ejemplos intolerables, desde la perspectiva de la igualdad ante la ley, pero a pesar de que se vulnera la Constitución, las normas tributarias, la legislación ordinaria y el sentido común, la Agencia Tributaria persevera en el error y no hace nada para corregirlo”.
    A continuación el blogger ofrece diferentes opciones de actuación.

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