HidroAysén: Cuando la transformación social marcha por las calles

30 de mayo de 2011 17:52

Han sido éstos días azarosos, extraños, impredecibles.

Ni la coalición gobernante ni la oposición se esperaban la reacción ciudadana nacional e internacional, a la aprobación de las cinco represas en la Patagonia impulsadas por HidroAysén.

Movilización que se ha sustentado logística e informativamente en redes sociales como facebook y twitter, o en el simple correo electrónico, pero que no se ha quedado en el mundo virtual.

No. La movilización se ha hecho presente en las calles de todo Chile, de norte a sur, de este a oeste, como reza el canto aquél que se entona en cada una de las protestas de los últimos días y que llama a alcanzar un ideal “cueste lo que cueste”.

Son chilenos, muchos de ellos jóvenes que pronto tendrán derecho a voto, que están diciendo: queremos un cambio profundo, un nuevo pacto socioambiental donde la protección del medio ambiente y el fin a la degradación de los bienes comunes en que se sustentan tantas comunidades, sea lo esencial. No son sólo ecologistas como, caricaturescamente, dicen algunos, sino ecologistas junto a personas que saben que la mejor calidad de vida no puede ser sólo tener más acceso a bienes materiales, algo de lo cual el mercado ya nos ha dicho, equivocadamente, demasiado.

Este gobierno, y algunos próceres de la Concertación, junto a empresarios dinosaurios, con el debido respeto que me merecen los extintos dinosaurios,  se han equivocado al leer la realidad.  No hace poco Daniel Fernández, ante la reacción ciudadana de rechazo por la campaña del terror que opuso a Patagonia sin Represas el tétrico mensaje de un “Chile a Oscuras”, señaló que “cientos de twiteros no son un pueblo”.  Sería bueno preguntarle hoy si él considera o no que un 74 por ciento de rechazo a HidroAysén a nivel nacional y un 75 por ciento a nivel regional, sí son un pueblo.  O si los más de 100 mil movilizados en todo el país desde el 9 de mayo, tampoco lo son.

Mismo error cometen los políticos que se quedaron anclados en soluciones del pasado, que habrán sido vistas como viables hace 30 o 40 años, pero que hoy no son compatibles con una sociedad nacional y regional que no está dispuesta a cualquier cosa en pos de un crecimiento que no asegura la equidad ni menos mejor calidad de vida para todos.  Más que desarrollo sustentable, hoy necesitamos hablar de sociedades sustentables.

Hoy es la ciudadanía la que está marcando la pauta de lo que quiere que hagan sus representantes y mandatarios. Hoy es la ciudadanía la que está diciendo, éste es el Chile y el Aysén que queremos. Y aunque algunos políticos nacionales y regionales sigan haciéndose los sordos porque simplemente no están preparados para los desafíos de hoy, eso no significa que en algo vaya a cambiar la exigencia que en las calles está haciendo la gente.

La injusticia medioambiental donde millones pagan los costos de los beneficios de muy pocos, el monopolio donde sólo algunos controlan un sector tan estratégico como el de la energía, la decisión de políticas públicas entre cuatro paredes sin participación ciudadana, la privatización de facto de un patrimonio de todos como lo es la Patagonia, son sólo algunas de las insensateces a las que los chilenos estamos diciendo basta. Que el crecimiento a ultranza no es nuestro objetivo, y eso lo dicen hombres, mujeres y niños, trabajadores y desempleados, dueñas de casa y altos ejecutivos, desde ariqueños a puntarenenses y chilenos en el extranjero, gente de izquierdas y derechas, lo mismo que quienes se autodesignan apolíticos, porque el 74 por ciento representa transversalidad, representa un sentir nacional.

Quien no quiera entender eso, sea gobierno, Concertación o supuesto líder social, simplemente no está a la altura para leer la realidad y, por ende, conducir nuestra hoy, más que nunca, esperanzadora sociedad. Esperanzadora porque así como desde la base, incluso desde la juventud, están naciendo liderazgos para los nuevos tiempos, también hay quienes viniendo de la política tradicional, como el senador Antonio Horvath, o de la elite espiritual como el obispo Luis Infanti, son portadores de un mandato y están a la altura de lo que es el verdadero anhelo de su comunidad. Foto: El Mote / Felipe Silva (Flickr)

Fuente: El Quinto Poder

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