Sebastián Ledesma: “El conseller Felip Puig mintió, los Mossos no me defendían”

En silla de ruedas Un agente carga contra un grupo, en el que se encuentra Sebastián Ledesma, en silla de ruedas, durante el desalojo de la Plaza Cataluña en Barcelona. (Sytse Wierenga / ACAMPADA BCN)

  • Su imagen, frente a un agente con la porra en alto durante el desalojo de la Plaza Cataluña de Barcelona el 27 de mayo, dio la vuelta al país; no resultó herido.
  • Este sociólogo de 55 años colabora con la acampada de Barcelona desde el día 23 como “ideólogo” en la comisión de diversidad funcional.
  • Tiene una lesión cerebral y va en silla de ruedas; dice que está “igual de indignado” que antes de la carga y se alegra de que “la gente por fin haya despertado”.
Ha sido la imagen más comentada del desalojo de la Plaza Cataluña. Del día que algunos han bautizado ya como 27-M. Sebastián Ledesma, vasco de 55 años, estaba allí cuando los Mossos d’Esquadra, enviados por la consellería de Interior de la Generalitat, terminaron cargando contra los acampados en Barcelona dejando más de cien heridos. Un fotógrafo captó el momento en el que uno de los agentes levantaba la porra sobre él, su silla de ruedas y algunos de sus acompañantes. Sebastián no pasaba por allí, es uno de los indignados.

Se declara “muy voluntario” para hablar con los medios ahora aunque no le guste del todo el enfoque “personalista” que ello supone, pero lo hace porque cree importante “que tenga eco” lo que está pasando alrededor del Movimiento 15-M. Sebastián empezó a ir a la acampada de Barcelona el pasado 23 de mayo, colabora con la comisión de diversidad funcional, en la que “ejerce de ideólogo” para explicar a los más jóvenes cómo es el sistema actual y de qué forma debería o podría corregirse. Ellos le llaman, de forma cariñosa, el “profe broncas”.

“La juventud por fin ha despertado”, explica a 20minutos.es por teléfono, “pero también la gente de mi edad”. Lo pudo comprobar el pasado fin de semana durante el concierto de apoyo que ofreció el cantautor Paco Ibañez en la plaza. “Fue un éxito increíble que demuestra que hay necesidad de volver a una sociedad más política, más ideologizada, más nuestra”, dice con entusiasmo. Su condición de sociólogo le empuja a realizar un análisis crítico de la situación actual -“empaquetada, de catering”- y a reivindicar más “naturalidad”. Nos hemos olvidado de que las cosas no siempre se rigen por el “aquí y ahora”, comenta.

“Tenemos demasiado apoyo”

Después de la carga del día 27 se declara “igual de indignado que antes y que dentro de dos días”, porque lo que ha comenzado en todo el país -y en otros- no es algo efímero. Aun así, añade, “morirá, o mejor dicho, desaparecerá como han desaparecido Mayo del 68 y otros, pero quedará ahí” y, por supuesto, “indudablemente”, conseguirá cambiar cosas. Sebastián tiene una lesión cerebral de nacimiento y habla despacio, aunque con mucha claridad: cree que lo de Barcelona fue “un ensayo” que ha servido para que las autoridades se den cuenta de que los acampados -y aquellos que les secundan- tienen “demasiado apoyo popular”; y muy variado. Opina que había orden de cargar, “algo que no se ha desmentido”.

No le molesta que su imagen se haya difundido en Internet o en la prensa, pero sí la actitud, entre otros, del conseller Felip Puig. “Dijo algo que era mentira, nadie me estaba defendiendo o protegiendo. ¿De qué? ¿de mis compañeros con los que llevaba trabajando una semana con toda la ilusión? Evidentemente, no. ¿De la manipulación? ¿de la que ellos han hecho?; esto me ha dejado un poco de mal sabor de boca”. No le gusta tampoco que su condición de persona en silla de ruedas sea lo relevante de la foto: “Con la de heridos que hubo, todo el mundo se fijó en mi”. Él no fue agredido físicamente -su silla sí resultó dañada-, pero está discutiendo con la comisión jurídica de la acampada si emprender o no alguna acción legal.

No es por dinero -“tengo una pensión que me ayuda a vivir cómodamente”-, sino por el hecho de mostrar esa indignación, palabra que repite constantemente. Lamenta la “incultura social” vigente y el hecho de que con cinco millones de parados “no pase nada”. Él es autónomo, trabaja  haciendo estudios de movilidad y transporte para aquellas empresas que lo solicitan. Personalmente, dice, tiene la moral “muy alta” y considera que en la acampada también es así. Su opinión -siempre a título personal, porque la general la decide la asamblea- es que no deben dejar morir el movimiento y deben trasladarlo a los barrios, por lo que el pasó lógico ahora sería el de intentar resolver cómo podría llevarse a cabo una salida de la plaza. De momento, el campamento no pone fecha a su final.

BIO. Nació en Hondarribia (Guipúzcoa) hace 55 años. Es sociólogo. Tiene dos hijastras, una de las cuales le ha hecho abuelo recientemente, acontecimiento del que habla con emoción. Vive de una pensión que percibe como consecuencia de la lesión cerebral que padece y que afecta a su motricidad, pero conserva “el intelecto íntegro”. También trabaja, como autónomo, realizando estudios de movilidad y transporte para empresas. Tiene “pasión” por los trenes. Colabora y ayuda en la acampada de Barcelona desde el día 23 de mayo.

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