Chávez presionó al Gobierno de Zapatero para visitar España

Zapatero y Chávez Zapatero saluda a Chávez durante la visita a España del líder venezolano. (ARCHIVO)

  • El Ejecutivo reconoció a Estados Unidos que la visita oficial del Gobierno venezolano a España en 2004 se produjo tras meses de coacción diplomática.
  • El Ministerio de Exteriores español intentó disuadir a José Luis Rodríguez Zapatero para que no cerrase acuerdos comerciales con Hugo Chávez.
R. QUEIMALIÑOS. 22.06.2011 – 09.17h
La diplomacia estadounidense en España obvió la figura de Hugo Chávez durante cinco años. Desde el día de su investidura -2 de febrero de 1999- hasta que el Gobierno de Zapatero concertó su visita a España en noviembre de 2004. La indiferencia  se trasmutó en obsesión a partir de entonces.

El embajador de Estados Unidos en España, Eduardo Aguirre, cruzó con Washington más de cuarenta cables en menos de doce meses que detallaron encuentros y desencuentros con el Gobierno español sobre las “inconveniencias” de negociar con un régimen que “amenaza la democracia y los derechos humanos”, según revelan cables filtrados por Wikileaks a los que20minutos.es ha tenido acceso a través del diario noruegoAftenposten.

La visita institucional incomodó a Washington y la legación estadounidense sometió a un tercer grado a diferentes cargos del Ministerio de Exteriores. La respuesta oficial fue unánime: “La insistencia de Chávez motivó el encuentro. El Gobierno no tuvo nada que ver”. La réplica del Director General de la Comunidad Andina, Ernesto de Zulueta, fue ratificada un mes más tarde por Bernardino León, Secretario de Asuntos Exteriores: “El Gobierno sólo invitó a Chávez después de meses de peticiones del Ejecutivo venezolano”.

La respuesta convence a EE UU. La Embajada se recrea en la respuesta –la estampa en cuatro telegramas en el plazo de un mes- y explica a Washington que el Gobierno de España sólo pretende iniciar un diálogo constructivo con el país latinoamericano tras las desastrosas relaciones entre el ex presidente del Gobierno, José María Aznar, y el mandatario venezolano.

“El objetivo de Rodríguez Zapatero es coherente con su imagen de político abierto al diálogo”. Aunque advierte de que las cuestiones más escabrosas –relacionadas con derechos humanos o libertad de prensa- no se tratarán durante la visita para no “intimidar” a Chávez.

Sin embargo, la legación estadounidense endurece su discurso tras la recepción oficial. Cuatro temas irritan en exceso a la Embajada.  El optimismo de Chávez a la hora de describir las relaciones bilaterales con España,  su inflamado discurso revolucionario y antiimperialista en territorio nacional, la oda a Rodríguez Zapatero por “renunciar a las funciones de súbdito de Washington” y la confirmación de que el presidente del Gobierno había obviado tratar los temas más polémicos con el presidente venezolano.

Acuerdo comercial

La Embajada resume en una lapidaria frase los efectos nocivos de las proclamas chavistas en Madrid: “La retórica revolucionaria y sus proclamas contra EE UU arruinaron el mensaje positivo sobre las relaciones bilaterales entre EE UU /España que defendió el Rey Don Juan Carlos I en Seattle”, matiza un cable enviado el 13 de diciembre de 2004 a Washington. El Rey visitaba esa ciudad estadounidense mientras Chávez paseaba por La Moncloa. Bernardino León reconoce al número dos de la Embajada, Robert Rodríguez,  que la visita de Chávez había sido “un fracaso de relaciones públicas”.

Pero el desafío diplomático se recrudece en febrero de 2005. El preacuerdo de venta de patrulleras y aviones de transporte españoles a Venezuela pactado por  el ministro de Defensa, José Bono, durante un viaje “secreto” a Caracas a finales del año 2004 enfurece a un Embajador que hasta el momento había adoptado la figura de conciliador entre España y Washington. El Consejero Político se reúne con altos cargos de Exteriores y presiona estoicamente para intentar abortar el plan.

La actitud del subdirector General de Países de la Comunidad Andina –departamento que pertenece al Ministerio de Asuntos Exteriores de España- envalentona todavía más a la Embajada estadounidense. Juan Carlos Sánchez desconfía de la política de Rodríguez Zapatero y juzga duramente el acercamiento del PSOE al gobierno chavista.

“Las relaciones con Venezuela son dirigidas directamente desde La Moncloa. El Ministerio de Asuntos Exteriores cree que estrechar relaciones con Chávez perjudica a España”. Y matiza que vender armamento a Venezuela “no tiene ningún sentido”. Otros contactos de Exteriores referidos en los cables también desconfían del acuerdo y llegan a criticar al propio Rodríguez Zapatero.

Estas declaraciones recrudecen las críticas de EE UU hacia España y el propio José Bono telefonea a la Embajada para explicar los detalles de la operación. El ministro de Defensa puntualiza que Venezuela garantizó a España que sólo utilizaría los buques patrulla para proteger su zona marítima exclusiva y nunca con fines ofensivos. También revela la clave de la transacción comercial: “Cerrar la operación con el Gobierno de Chávez sería vital para la empresa española Izar”.

Y lo fue. El acuerdo que cerró José Bono en Caracas el 25 de enero de 2005 se convirtió en la válvula de oxígeno para unos astilleros en situación crítica. Venezuela firmó entonces la compra de cuatro corbetas destinadas a la vigilancia de recursos en la Zona Económica Exclusiva por un precio aproximado de 800 millones de euros. Preservar la hegemonía de una empresa española prevaleció, en este caso,  sobre la intimidatoria presión de la potencia hegemónica por antonomasia.

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